Con la intención basta




Con la intención basta

Por Bernardo Villar

Existen un montón de dichos populares a los que hemos aprendido a dar valor. En la escuela nos los enseñan como “sabiduría popular”. Parecen ser cosejos prácticos, pero ¿para qué? La mayoría busca procurarnos una vida tranquila y sin complicaciones. Así parece, pero, ¿qué tal si tan solo los hemos mal entendido todo este tiempo? ¿Y si quisieran comunicar algo totalmente distinto de lo que hemos creído todo este tiempo?

Tomemos por ejemplo uno que normalmente es un monumento a la mediocridad: “con la intención basta”.

La interpretación normal es algo así como: “no importa si tienes el resultado, lo importante es que quisiste tenerlo”. Y entonces tenemos un montón de resultados mediocres al abrigo de la idea de que lo importante es que quise tenerlo. Es la excusa perfecta para no tomar acción decisiva en nuestra vida, para no pararnos como la diferencia en el mundo. Si con la intención basta, basta que diga yo: “qué barbaridad” ante todo lo que no funciona en el mundo.

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Pero, ¿Y si la frase no significa eso, sino todo lo contrario? ¿Y si en lugar de ser un llamado a la mediocridad es en realidad una llamada a la acción decisiva y contundente?

Cuando decimos: “Intención clara” nos referimos a que requerimos tener claro cual es nuestro fin, qué visión nos mueve, ya que nuestra visión pauta mis maneras de ser y mis acciones, ya que vivo como si mi vida y la de los demás dependiera de ella, entonces la intención, es decir, la voluntad de lograrlo es todo lo que se requiere. Entonces “con la intención basta”.

Porque si mi intención es clara, seré quien requiera ser y haré lo que deba hacer para que mi visión se manifieste. Si no tengo nada más que mi visión y lavivo como si fuera lo único importante en el mundo, mi compromiso con ella y mi voluntad por crearla, es decir, mi intención de verla materializarse, es todo lo que basta.

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