Decidir, actuar….




decisions - entrenador transformacional

Por Bernardo Villar

No existen atajos, no hay para donde te hagas. Nada va a venir a arreglar tu vida mágicamente. No hay recetas, no hay varitas mágicas. El único modo en que las cosas ocurran (o dejen de ocurrir en tu vida) requiere solo dos ingredientes, y tal vez ninguno de los dos te fascinan: tomar decisiones y tomar acción.

Tomar decisiones atenta contra tu miedo a equivocarte.  O mejor dicho, la angustia que te produce la posibilidad de tomar una decisión y equivocarte. El miedo en realidad es otra cosa, pero bueno, a efectos de este artículo, digamos que lo que tienes es miedo a equivocarte. Pues bien, si te consuela, no hay modo de equivocarse cuando se toma una decisión. Una decisión es solamente una elección que hacemos con los datos que tenemos sobre alguna situación. La idea cuando decidimos algo es que esperamos que nuestra decisión tenga el resultado que esperamos. Puede ser que lo tenga, puede ser que no lo tenga. No lo podemos saber y muchas variables no dependen de nosotros. Equivocarte no te hace tonto, no demuestra en la mayoría de las situaciones falta de juicio. Lo único que quiere decir es que elegiste algo y ese algo puede o no causar el resultado que quieres o no.

Por supuesto, para reducir nuestra probabilidad de error, buscamos todos los datos que podamos reunir antes de tomar una decisión, aunque si te pones a verlo, has tomado muchas decisiones en contra de lo que la evidencia te dice. Algunas veces ha funcionado, algunas veces no; y querer tener todos los datos todo el tiempo muchas veces te mantiene en el mismo lugar todo el tiempo sin llevarte a lo que dices querer.

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Bueno, el asunto es que toda decisión puede traer dos resultados: el que queremos u otro cualquiera. No hay más. Funciona o no funciona. ¿Por qué el miedo? Porque es socialmente mal visto equivocarse. Porque el que se equivoca aparentemente no es tan inteligente o digno de confianza. Porque desde que eres niño se han burlado de ti cuando te has equivocado, incluso te han castigado y tu imagen personal se ha visto afectada: tu mismo(a) te has juzgado duramente por haberte equivocado. Solución: procuras no decidir más. Que otro decida (aunque sea sobre tu vida) y así si algo sale mal, que haya alguien más a quien culpar.

El segundo ingrediente dijimos que era tomar acción. No importa si decides algo o no sobre tu vida, si no tomas una acción congruente con esa decisión, nada pasa. Es como si no hubieras decidido nada.

Entonces, ¿por qué no actuar?

Pues porque actuar es lo que va a manifestar el resultado de la decisión: Estoy ante una alberca, no se si el agua está helada o tibia. Elijo tirarme al agua de todos modos. Sin embargo decidir tirarme al agua no cambia nada, tirarme al agua es lo que me hará darme cuenta si el agua está helada o tibia.

Tomar una decisión y actuar en consecuencia puede causar terror, sin duda, sin embargo es el único modo de tomar responsabilidad por nuestra vida y crear en ella los resultados que queremos crear. Decidas o no decidas, actúes o no actúes, la vida ocurre. Puede darte miedo o no; puedes esconderte bajo la cama o salir a causar tus propios resultados. En realidad no cambia nada: la vida igual pasa y un día todos moriremos. El asunto no es ese. El asunto es cuál es la experiencia de vida que elijo tener, si elijo ser causa o efecto. Si no decides u actúas, no pasa nada. Y si no pasa nada no pasa nada.

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