El perdonándome a mi mismo

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Por Bernardo Villar

En los dos artículos anteriores he hablado sobre dos aspectos del perdón. Pedirlo y darlo. Pedirlo sin esperar recibirlo para no ser rehenes de la voluntad de terceros y darlo sin esperar a que lo pidan, ambos como actos liberadores que permiten crear un espacio de creación.

Me resta abordar un aspecto más del acto del perdón: perdonarse a si mismo.

Tal vez sea éste el acto de perdón más complicado puesto que al mismo tiempo somos rehenes y captores de nuestras propias historias pasadas.

Todos hemos cometido errores, y muchos de ellos han afectado nuestra vida de un modo definitivo. Una persona que dejamos ir, una reconciliación que nunca buscamos, algo que dijimos que causó daño a nosotros mismos o a terceros, alguna acción que nos provoca arrepentimiento o tal vez incluso, remordimiento. Es ésto último, el remordimiento, el sentimiento de culpa,es causado ese diálogo interno del perdón a nosotros mismos.

Por un lado, nos sentimos mal por lo que causamos y nos acusamos, juzgamos y condenamos. Creamos una idea negativa de nosotros mismos y nos condenamos a usarla. Es más sencillo perdonar a otros que a nosotros porque no estamos conscientes de que ésto ocurre. Sabemos que nos sentimos mal por tal o cual cosa que hicimos, pero no nos damos cuenta que nos sentimos así por lo que pensamos de nosotros por haber actuado así.

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Es mas, estamos condicionados por nuestro contexto para sentirnos así: Si no sentimos remordimiento (no arrepentimiento) por lo que hicimos, sentimos que estamos mal, creemos que si actué mal debo cargar con esa culpa el resto de mis dias y sobre todo, demostrar que me pesa todo el tiempo. Piénsalo, ¿tu esperas que un asesino muestre arrepentimiento por sus actos, o esperas que también sienta remordimientos, sufrimiento auto inflingido por haberlo hecho? Yo creo que estamos condicionados para esperar ambas cosas, y por lo tanto mostrarlas cuando nos sentimos culpables.

Como en todo acto de perdón, perdonarnos no implica aceptar como correcto el hecho, no implica exculpar a nadie, no implica estar de acuerdo. Implica aceptar que lo que fue, fue como fue y nada va a cambiarlo. Implica soltar la historia que nos contamos de nosotros al respecto. Terminarla para poder comenzar una historia nueva. Es un acto de amor a nosotros mismos que es fundamental para poder expresarlo también a otros.

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