El secreto definitivo para relaciones efectivas




El secreto definitivo para relaciones efectivas

Por Bernardo Villar

Estoy participando en la creación de un taller de relaciones con Mariza Elizondo, una empresaria de y entrenadora espectacular con quien hasta hace poco estuve casado y con quien ahora, además del taller estoy comprometido a crear un tipo de relación que no existe en el mundo, que no tiene  nombre, pero que va a funcionar para ambos y para nuestros tres hijos.

Y es justamente este compromiso de crear algo totalmente nuevo en la manera en que nos relacionamos que nos ha llevado a la idea de que, justamente  nosotros, podemos aportar algo al modo en que las personas se relacionan en general, porque el matrimonio, si bien es solo un modo más de relacionarse, tal vez también sea el modo más retante de hacerlo.

De todo este proceso de interiorización y de ver no solo lo que creé en esos 17 años de matrimonio, sino todo lo que no creé es que surge lo que a continuación expongo en este artículo. Tal vez no sea nuevo para nadie, tal vez si. para mi no es importante. Es nuevo para mi y por lo tanto es una nueva distinción en mi mundo y por tanto creo que puede ser útil para mas de una persona en el modo en que se relaciona.

Existimos en un mundo de relaciones.

Somos en el mundo en relación con él: con los eventos, las cosas y otros seres humanos y es el modo en que nos relacionamos con ello una de las maneras en que definimos quienes somos.

Se me ocurre que en general nos movemos en el mundo como dentro de un supermercado: paseándonos por entre los pasillos viendo qué hay y tomando lo que se nos antoja. Y a cambio damos algo que es nuestro. Es decir, se me ocurre que la mayor parte de nuestras relaciones ocurren como una transacción: Yo tengo algo que tu quieres, tu tienes algo que yo quiero, hacemos un intercambio y ya está. Acudiré a ti cada vez que vuelva a necesitar eso que tu tienes y te ofreceré nuevamente eso que tu quieres. Nuestras relaciones se convierten en un comercio donde lo importante es lo que yo quiero. utilizo a las personas para satisfacer mis necesidades reales o percibidas y cuando no me son útiles, las descarto y busco otras personas que satisfagan mis nuevas expectativas.

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Así funciona ahi afuera pero se me ocurre que no tiene por qué ser así necesariamente.

¿Qué tal si en lugar de poner la atención en lo que yo quiero y quien me lo puede dar y a cambio de qué (y como buen comercio buscaré dar a cambio lo menos posible) Mi foco estuviera en quién requiere yo que yo tengo para dar? ¿Qué tal si nos convirtiéramos en dadores en vez de recolectores en nuestras relaciones. En las que ya tenemos y en las que vamos a crear? ¿Podría eso causar un cambio en nuestros resultados?

Y no me refiero solamente a darnos en nuestras relaciones de pareja, donde por supuesto podría ocasionar un cambio mayor, sino darnos en cada relación en nuestras vidas. No solo las cercanas (familia, amigos, trabajo) sino al relacionarnos con cada persona con la que nos cruzamos día a día, desde el mendigo hasta el mesero, desde el que está esperando su luz junto a ti en su coche hasta el que se ha equivocado al marcar su teléfono. ¿Podría causar un impacto mayor en el mundo si mi enfoque no fuera “¿Qué hay para mi?” sino “¿Cómo puedo contribuir? Piénsalo: cómo puedo contribuir a que alcances tus sueños, cómo puedo contribuir a que tengas éxito en el trabajo, cómo puedo contribuir a que sonrías. Yo pienso que si se puede causar un gran impacto en el mundo con esta postura en cada relación de tu vida.

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Cuando solamente sobrevivimos buscamos con desesperación recibir aquello que nos mantiene con vida. Cuando estamos vivos y creando la vida que elegimos vivir nos damos cuenta que para que esa vida sea posible requerimos que el mundo ocurra de cierto modo y el modo de crear ese mundo es siéndolo. Contribuyendo. Transformándolo.

 

¿Tu cómo te estás relacionando?

 

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