Encantado de conocerte




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Por Bernardo Villar

Frecuentemente “conocemos” tanto a otra persona (es decir, hemos recopilado evidencia de que nuestra historia sobre él o ella es correcta, o sea, tenemos razón sobre quién es esta persona) que es eso mismo lo que se interpone entre los dos. Como buenos seres humanos, inventamos una historia, buscamos la evidencia para validarla y acto seguido emitimos un juicio y una sentencia sobre la persona. La etiquetamos. Desde entonces, esa persona para nosotros ES de esa manera.

Esa etiqueta nos cierra muchas posibilidades de relación con los demás.

Durante un tiempo he pensado que deberíamos darnos la oportunidad de RE-conocer a todas las personas cada vez que las encontramos como una hoja en blanco, dándonos la oportunidad de conocer a las personas siempre como si fuera la primera vez.

Y aunque me parece provocativa la idea de conocer por primera vez a tu pareja, a tus hijos, a tus amigos, en fin, a toda la gente de tu vida todo el tiempo, también creo que es fácil caer en el vicio de no volver a conocerlos cada vez, sino inadvertidamente, reafirmar nuestra historia sobre ellos, es decir: tener razón sobre quienes son.

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¿Y qué tal si fuéramos un paso más allá y si de cualquier modo vamos a juzgar a las personas y etiquetarlas, etiquetarlas con una etiqueta que aporte a relacionarnos con ellos de una manera extraordinaria.

¿Qué posibilidades se abrirían si te relacionaras solo con personas exitosas, fuera de serie, ganadoras?

Si de todos modos vamos a etiquetar, etiquetemos de ese modo y luego busquemos la evidencia para validar que tenemos razón y que en verdad toda la gente de nuestra vida es, porque así lo hemos decidido, extraordinaria.




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