Hazlo hoy

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Por Daniel Pappaterra

Hoy se conmemoran 8 años de la muerte de mi gran amigo de toda la vida: Raúl Agosto García. Mientras asistía a una misa en su honor, me preguntaba por qué?  Raúl murió dos semanas antes de cumplir sus 40 años de vida atropellado por un conductor que no lo vio en la oscuridad de la noche. Raúl vivió una vida plena y ejemplar. Fue un líder deportivo, un líder comunitario, un líder político y un líder en su iglesia. Un hombre con sus creencias y convicciones claras, un hombre seguro de sí mismo y de lo que quería, un hombre que no estaba buscando aprobación ni pedía permiso para lanzarse por sus ideales, por sus sueños; un hombre humilde, sencillo y feliz. Nunca fui capaz de reconocer su grandeza como ser humano hasta que se fue. Y todavía me pregunto POR QUÉ?  Por qué se muere un hombre de este calibre y tantos otros deshonestos, mentirosos y que hacen tanto mal parecen tener vidas  largas, abundantes y provechosas. Confieso que no tengo la respuesta a esta interrogante; a lo mejor él completó su misión en esta vida, mientras que los otros aún tienen lecciones que aprender.

Cuál es la lección que debo aprender yo de esta experiencia? Hay dos lecciones importantes que quiero compartir con ustedes. Primero, vive tu vida al máximo porque hoy puede ser el último día de tu vida. No pospongas, no esperes, lo que quieres decir, dilo hoy, lo que quieres hacer, empiézalo hoy, mira la grandeza de la gente que te rodea y reconócelos HOY. Porque no tienes ninguna garantía de que estarás aquí el día de mañana; ni siquiera tienes garantía de que estarás aquí el próximo minuto. No pierdas el tiempo viendo TV, jugando en internet o escribiendo o leyendo tonterías en facebook, vive hoy, ama hoy.

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En segundo lugar, si a mí me ha dolido tanto la partida de mi amigo, cómo se sentirán sus hijos, su esposa sus hermanos y sus padres. Siempre he pensado que el dolor más grande que puede experimentar un ser humano es la muerte de un hijo. Porque por cronología de vida esperamos morirnos antes que nuestros hijos. Aún experimentando ese gran dolor no tenemos excusa para arruinar nuestras vidas consumiéndonos eternamente en la pena, la auto-compasión, y la victimez. La vida continúa y aún nos quedan otros hijos, hermanos y amigos por quien vivir en alegría y gozo. Cuando tengamos la tentación de entregarnos a  la pena y la autocompasión, pensemos en lo que la persona que se fue dejó incompleto en su vida y, que tal si lo continuamos y lo completamos? Esto, definitivamente sería más valioso que vivir la vida arrepintiéndonos de lo que pudo ser y ya no será; nunca será.

La evidencia más contundente de la vida plena que vivió Raúl es la paz, la tranquilidad y la alegría con la que lo recuerdan su viuda y sus hijos. Ellos lucen agradecidos y satisfechos de lo que compartieron con él en  vida.

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Ya con Raúl no nos queda más que recordar su grandeza, continuar su legado y seguir su ejemplo. De mi parte, le pido a Raúl y sus familiares que acepten este escrito como mi muy humilde homenaje a una vida bien vivida y disfrutada a cabalidad; a un ejemplo de integridad, humildad y pasión. Pero tú, que estás leyendo esto aún tienes tiempo de crear con los que te rodean una relación espectacular. Crea hoy la relación que deseas recordar mañana. Si no sabes cómo hacerlo, pide apoyo.

Anda, levántate y empieza, ¡HAZLO AHORA!!!!!!