LA GRAN MENTIRA

LA GRAN MENTIRA

Por Daniel Pappaterra

El octavo mandamiento dice: “No dirás falsos testimonios ni mentirás”. Sin embargo, la  verdad es que la mentira es parte integral y común de nuestras vidas. Mentimos todo el tiempo para quedar bien con los demás, para agradarles o para que “no se sientan mal”. Las mentiras son tan comunes en nuestra vida cotidiana que son muchas las personas que incluso justifican mentir como algo natural o necesario; al punto de que nos hemos inventado el término: “mentirillas blancas”, refiriéndonos supuestamente a un tipo de mentiras que “no hacen daño”. Todas las mentiras hacen daño y destruyen las relaciones.

Por qué es tan “natural” y cotidiano mentir? Porque la sociedad y nuestros padres nos lo enseñaron a lo largo de nuestras vidas. Sí, tus padres, los mismos que te dijeron que debías decir siempre la verdad, que mentir está mal o es pecado, son los mismos que te enseñaron a mentir. Si venía o llamaba por teléfono alguien a quien no querían atender, te pedían a ti que les dijera que no están. O tal vez venía tu abuelita a visitarlos y tú estabas molesto y te decían: “cambia esa cara”. O  visitaban a algún amigo y te decían: “si te ofrecen comida diles que ya comiste”.

Mentimos para cumplir con las expectativas sociales, mentimos para ser aceptados, mentimos para que nadie sepa nuestro dolor. El problema en realidad no tiene que ver con nuestra acción de mentir, sino con creernos  que eso no es nada, que no pasa nada y que todo está bien.

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Todo aquello que no es cierto a nuestro mejor entender y todo aquello que dejamos confuso o que no aclaramos y todo lo que actuamos para aparentar  cuando creamos chismes, decimos rumores o no damos respuestas claras para que la situación quede ambigua; todos estos ejemplos  constituyen simplemente mentiras.

La mentira nos aleja de nuestra espontaneidad, nos hace perder credibilidad y hace que nosotros mismos no creamos en nosotros; por tanto afecta negativamente nuestra auto-estima y la capacidad de confiar y creer en nosotros mismos y también en los demás. Sabes bien que, al igual que tú los demás piensan que mentir no es nada, por tanto dudas y desconfías  todo el tiempo de que lo que te dijeron haya sido cierto; pero de igual manera mientes comportándote como si le creyeras.

La Gran Mentira es decirte a ti mismo que no eso no es nada, que todo el mundo lo hace o que no podías decir la verdad porque podrías herir a otra persona. Estoy de acuerdo en que hay verdades que podrían sonar muy crueles, sin embargo, la mentira prolonga la crueldad. Cuando una pareja ya no te ama, lo mejor que puede hacer es decírtelo de frente en vez de (para no herirte) hacerte las conocidas historias de que no están seguros o necesitan tiempo, bla, bla, bla y que te dejan albergando esperanzas que, en realidad no existen.

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Vivimos diciendo que queremos un mundo mejor. Qué tal si comienzas a contribuir al mismo de una manera muy simple: di siempre la verdad y sé siempre tú mismo. Comprométete con lo que sabes que vas a cumplir y dile que no a todo lo demás. Di siempre la verdad con amor y compasión; no se trata de herirnos. Y recuerda: La persona más importante en tu vida y sin la cual no puedes vivir eres tú mismo. Hónrate y honra tu palabra. No te engañes, a fin de cuentas a donde quiera que vayas, ahí estarás tú.

LA GRAN MENTIRA

Daniel Pappaterra M.A.

Psicólogo, Consultor Corporativo y Coach Transformacional.

Puerto Rico