A menudo los hijos se nos parecen

Transformación

  A menudo los hijos se nos parecen
Por Bernardo Villar

Así comienza la canción de Serrat: "A menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción."

A veces se nos parecen en más sentidos que la apariencia física o el temperamento. A veces se parecen sospechosamente más de lo que esperaríamos. La cosa es que de hecho esperamos que se nos parezcan, que actúen como nosotros, que piensen como nosotros, que sientan como nosotros. Procuramos convertirlos en versiones mejoradas de nosotros como si en ellos se escondiera una segunda oportunidad para cumplir nuestros sueños. Algunos comienzan a vivir a través de la vida de sus hijos y procuran que ellos hagan lo que ellos no pudieron o se atrevieron a hacer.

Proyectamos en nuestros hijos nuestras expectativas. Les decimos quienes son y cómo deben comportarse, lo que les gusta y lo que no, y de este modo y con la mayor de las buenas intenciones no les damos opción de elegir en un juego de perder - perder en el que ellos no viven una vida auténtica y nosotros tenemos la ilusión de estar viviendo a través de ellos una nueva oportunidad.

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Pero tranquilos, no es mala fe ni un complot internacional. Por un lado, a los padres nos crea una sensación de inmortalidad ya que vivimos a través de ellos y por otro lado ése es el único modo en que los seres humanos nos podemos crear un primer sentido de identidad y aprender a SER humanos. El problema es que rara vez tenemos la oportunidad de reconocer este fenómeno y elegir algo distinto.

En los entrenamientos de y liderazgo tenemos esa rara oportunidad: darnos cuenta de que quienes hemos estado siendo no ha sido una elección y poder decidir ser de otro modo al elegir conscientemente. ¿Qué ganamos con ello? Dejar de vivir desde el pasado, repitiendo patrones de comportamiento y obteniendo los mismos o similares resultados para vivir desde el futuro con posibilidades nuevas de acciones que generen resultados extraordinarios.

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