Perdonar

 

perdonar2 - entrenador transformacional

Por Bernardo Villar

Existen espacios insospechados en los cuales nos comportamos sin poder, como producto de una circunstancia externa, y ello sin darnos cuenta. Uno de esos espacios es uno que es difícil de identificar porque lo asociamos con la justicia ante algo que alguien nos ha hecho: otorgar nuestro perdón.

Cuando sentimos que alguna persona nos ha perjudicado o ha hecho algo en contra de nuestros intereses (cuando nos contamos esa historia) nos sentimos en nuestro derecho de no perdonarla. Nos acordamos de la persona, del evento y nos hierve la sangre. Sentimos rencor y cada vez que la vemos o la escuchamos nombrar, nuestro talante se descompone, nos incomodamos, volvemos a revivir todas las sensaciones que la historia que nos estamos contando sobre el evento nos causó -y aun nos causa.

¿Cómo puedo perdonar a esta persona si me hizo tal cosa?¿Cómo puedo perdonarla si causó tal otra cosa? De algún modo pensamos que al no perdonarla la tenemos en nuestro poder, como castigada. “No le estamos dando nuestro perdón”.

En realidad no le estamos quitando nada a esa persona y sí a nosotros.

Se me ocurre que la confusión viene desde nuestro lenguaje. En castellano usamos el término “pedir perdón” cuando dañamos a alguien de algún modo. Se llama “pedir perdón” y de algún modo pone en la otra persona el poder de otorgárnoslo o no.

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Sin embargo, la persona a la que no perdonamos no requiere que nosotros le otorguemos nada. La mayor parte de las veces ni siquiera le da importancia ni al evento ni a tu mismo enojo. El único rehén en el asunto somos nosotros mismos.

Dicen que perdonar es perder toda esperanza de que el pasado sea distinto. El pasado fue como fue. Y ya no es mas que en nuestra memoria, en la historia que nos contamos de los eventos pasados. Nada lo va a cambiar y sin embargo nos obstinamos en llevarlo con nosotros, en aferrarnos a él.

Muchas de las disculpas que esperamos como condición para perdonar  nunca van a llegar. No esperemos una disculpa para poder perdonar. Aferrarnos a la amargura de eventos pasados nos roba la felicidad de hoy. Perdonar es dejar ir a un inquilino indeseable que hemos mantenido viviendo en nuestra mente.

Cuando perdonamos estamos haciendo una promesa. No a la otra persona sino a nosotros mismos, de que ese evento en tu pasado no lo volverás a usar para evitar vivir plenamente el día de hoy. No tiene que ver con liberar de su responsabilidad a la otra persona, sino de tomar responsabilidad nosotros y elegir no ser más la víctima que en esa historia estamos siendo y contarnos otra historia que nos apoye a movemos hacia adelante.

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