Tú amas enrolar




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Por Bernardo Villar

Enrolar te encanta. No importa lo que digas.

Amas la sensación de confianza y poder que da saber qué has sido inspiración para que otro ser humano se pare por sus sueños y tome acción comprometida para hacerlos realidad en urgencia. Amas el feedback que hay en que la gente confíe en ti y acepte jugar los juegos que les invitas a jugar.

No hay como no ames enrolar.

Lo que no soportas en no enrolar. No soportas que te digan que no, que te rechacen. No soportas no conseguirlo y las historias que te cuentas a de ti cada vez que fallas.

Odias no enrolar. Por eso no te arriesgas a hacerlo. Por eso le sacas la vuelta.

Por eso te enojas y te cuentas historias en que el centro es el malo porque está empeñado en que aprendas a enrolar.

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Olvídate de enrolar a un entrenamiento (en realidad deberías estar enrolando a una nueva posibilidad de vida, no a un entrenamiento), si no te lanzas a enrolar a eso es, como todo en el entrenamiento, un reflejo de lo que pasa en tu vida real: No te lanzas a enrolar a nada en tu vida. Pero no por el hecho de enrolar, sino porque no quieres fallar. Y entonces no enrolas en tus relaciones, en tus negocios, en tu trabajo, etc.: No te paras a hacerlo porque no te gusta que te digan no, porque requiere tomar riesgos interpersonales que te incomodan.

Pero míralo claro y no te inventes cosas: tú amas enrolar. Lo que odias es no conseguirlo.




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