Y yo…… ¿qué?




Y yo…… ¿qué?

Por: Prof. Daniel Pappaterra, M.A.

vitanovaprconsultas.com

La felicidad no es un destino, sino un camino.

Comienza a caminarlo…AHORA!!!!”

 

Usualmente nos cuesta mucho trabajo identificar cualidades positivas en nosotros mismos. En un instante podemos hacer una inmensa lista de todo lo malo que tenemos, pero lo bueno…… que trabajo nos cuesta! Es que nos enseñaron que debemos ser humildes y esto implica no reconocer nuestro propio valor. Si hablo bien sobre mí mismo, estoy siendo soberbio o prepotente. Se nos presenta la humildad como un valor que debemos seguir, con el propósito de no caer en la soberbia, prepotencia o vanidad.

Efectivamente, La Real Academia Española (RAE) define humildad como “sumisión, rendimiento” o “Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”. Por lo tanto, si reconozco mis virtudes o cualidades positivas, ya dejé de ser humilde, pero, ¿estaré siendo prepotente? Veamos: Según RAE, soberbia es “Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros” o “Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.”

Por un lado la humildad conlleva sumisión o bajeza y reconocer solo tus debilidades; por otro lado, la soberbia implica no solo realzarte, sino también un menosprecio a los demás. Según las definiciones, ninguna de las dos, parece ser beneficiosa para nuestra salud emocional. Más bien parecen dos polos opuestos, ambos dañinos a nuestro ser. Ninguna de las dos nos presenta una conducta ganar-ganar.

¿Cómo podemos establecer un balance y crear salud emocional?

El punto medio entre ambos conceptos es una Autoestima saludable. Es la capacidad de reconocer mis limitaciones, pero enfatizar mis fortalezas en comparación solo conmigo mismo sin nunca jamás posicionarme por encima de los demás o creerme superior a los demás.

Estimar es apreciar o valorar, mientras que el prefijo auto significa propio. Entonces, la autoestima no es otra cosa que el aprecio o valoración que me doy a mi mism@.

Nuestros padres nos enseñaron a ser humildes, las religiones y el sistema educativo lo refuerzan. El sistema quiere que seamos pasivos y sumisos. Como resultado tenemos sociedades llenas de personas que no se aprecian, que no se valoran, que no creen en ellas, que no se atreven, que no se sienten capaces, que se proyectan insegur@s o tímid@s, que se entregan totalmente a los demás (parejas, hijos, vecinos, amigos, etc) sin tomarse en cuenta ellos mism@s, sus deseos, necesidades o preferencias. Por un lado, se sienten “bien” porque están ayudando y sirviendo a los demás, por otro lado, se sienten terribles, pues no logran nada para ell@s mism@s. Por un lado estas personas anhelan sentirse capaces, seguros y valientes; por otro lado arrastran una enseñanza de que hacer eso es “malo”.

Reconocer tus capacidades, habilidades y virtudes no constituye algo malo o negativo. Reconocerte es necesario y es el primer paso para poder diseñar la manera específica en que tomarás acción para lograr tus metas.

¿Qué tal si comienzas ahora mismo? Si te atreves, escribe 20 cualidades positivas sobre ti mismo. No las inventes o escribas palabras por escribirlas. Asegúrate de que lo que escribes sean realmente cualidades que posees.

“Si quieres que los demás te valoren, empieza a valorarte tu mism@”




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